viernes, junio 17, 2016

Hablando con mi zona de confort...

Esa ingrato que desde pequeña me gratinó el oído con hechos de miel y expectativas grandes.
Esa que no tiene caducidad y que se renueva para no morir aunque uno muera.

Hoy hable de él, “El Confort” y lo miré. No sé si el me miró pero yo lo enfrenté. Le hice muchas preguntas con mi mente cuerda y se burló… ¡se burló de mi el muy cabrón y antes de contestarme, me invitó una michelada en el sillón de mi sala; me observó fijo y fuerte a los ojos y supo que mis pies no aguantaban así que me acercó unas “chanclas”…

-No voy a caer, no voy a caer –me digo-.
-¿Estoy cayendo? –le pregunté…
-¡Contéstame! –le aventé.

Y ahora que supo que ya me había puesto cómoda, mi miro suave.
Comenzó a contarme su vida, mi vida; desde que nació, desde que nací.

Me recogí el cabello, lo puse cómodo.
Ya caí y siento flojera de salir.

¿Será que es parte de mi? así como lo es mi dedo mas gordo y chueco… como lo es el lunar en mi ojo izquierdo, ¿lo es? –aún no me contesta…

“Haydeé, mañana te levantas temprano, te pones los tenis y un pants y sales con Lola a caminar, me dije ayer y en cuanto amaneció hoy, preferí cinco minutos mas, darle un beso en la frente a Superman y pensar en qué hacer de almorzar. 
“¿En qué momento?” –me volví a decir.
“¿Lo ves? –me preguntó el confort que llevaba un pantalón de algodón por el calor…
Me dijo: “somos tú, tus ganas y yo; me voy cuando tu quieras, cuando salgas a correr, cuando intentes otra vez hacer el arroz, cuando te desveles con tu esposo viendo el box y cuando decidas recordar tu valor y perder el miedo, hasta ese momento dejaras de verme y tenerme.

-“¿Cómo –le pregunté-, tengo que intentar otra vez hacer el arroz y que no se me queme para poder dejar de verte?.
-¡Sí!, me contestó.

Mi mente cuerda me hace pensar que todo implica un riesgo. Todo atenta contra mis miedos, contra mi “puedo y quiero” y a estos no los voy a dejar,… ¿los voy a dejar?

Luego ya no lo veo, se fue.
Camino a la cocina y veo el reloj, son las 03:00 de la mañana –para mi una hazaña- y sigo despierta.

El cabrón no se despidió…