Siempre he pensado que tener un trato amable con todas las
personas –independientemente
del estado de ánimo en el que nos encontremos- es un valor que muy pocas
personas tienen.
Digo esto porque en diferentes ocasiones y escenarios me ha tocado
vivir las dos caras de la moneda y por nada cambio la sensación que me deja el
recibir un gesto de amabilidad o bien, darlo.
Hace un momento fui a hacer el mandado a un lugar –nuevo para mi-
el Superama de Nuevo Sur. Desde hace varios días que tenía curiosidad por
conocerlo y ahora que estoy casada, disfruto mucho el tema de conseguir las
mejores ofertas y no batallar tanto en encontrar tal o cual articulo así que
fui. Al llegar –y tengo que describirlo a detalle- busqué desesperadamente el
lugar en donde estacionan los carritos para el mandado; un señor de edad
avanzada, empleado de ese lugar me indicó en donde estaban y me acompañó…
“¿como para que viene conmigo si ya se donde esta?” –pensé… antes de siquiera
tomarlo, se me adelantó y me dijo: ¡Permítame señorita! Déjeme lo limpio para
que ya lo pueda tomar… él traía un bote de toallitas desinfectantes y comenzó a
limpiarlo.
No puedo dibujarles la cara que puse pero, enserio –espero que no
se enoje Luis Ángel, mi esposo- sentí muchas ganas de abrazarlo pero, me detuve
por pena y sólo me limité a decirle: qué lindo señor, muchísimas gracias,
bonito día. A lo que él me respondió: “espero que tenga buena compra, Dios la
bendiga” –dijo-, y me fui con una sonrisa muy grande, enseguida me cuestioné: ¿será
estrategia de la empresa para que compremos mas por lo feliz que nos ponen esos
gestos o enserio existen personas que se toman muy enserio aquello de que la
vida pasa –con sus cosas buenas y malas- y no nos espera?
Les comparto que ahí encontré todo lo que buscaba, no compre mucho
pero, ya que soy una obsesiva compulsiva del orden me encantó cómo tenían
acomodado todo y la limpieza del lugar. Los precios están en promedio a como
vivimos en Monterrey; sus empleados, enserio de otro nivel humano y eso hoy, se
lo agradecí mucho a dios. Con esto que escribo, para nada pretendo darle
publicidad a dicha empresa, de hecho me atrevo a añadir otro caso que nada
tiene que ver con éste que les comento… uno
de los señores que hasta cantando le pregunta a uno cuanto le va a poner de
gasolina al coche. Él está en la gasolinera (seven) que está justo antes de la
primer caseta de la autopista en Guadalupe, quien haya pasado por ahí, sabrá a
quién me refiero.
Esta fue mi lección de hoy. No importa por lo que estemos pasando
o cómo esté nuestro humor –no digo que si estas triste utilices una careta sólo
para hacer sentir bien a los demás- pero pensemos que el ser amables siempre
hará la diferencia en nuestra vida y creo que mucho de ello se trata de cómo
nos van a recordar cuando ya no estemos, ¿cierto?.