Acerca de la magia de los escritores
siempre me pregunté y siempre pensé…
Los leo y les pregunto –en mi mente-
¿de donde salieron? ¿quiénes fueron? ¿por
qué son?
¿qué traen dentro? Y ¿qué quieren dejar fuera?
A veces me filtro en el aire y me imagino
que soy uno de ellos,
escritora.
Luego, vuelvo de ese viaje y me suelto el
cabello,
descalzo mis pies y suelto mi anzuelo,
ese que me tiene y me mantiene
atenta, alerta y cuerda.
Sin pensarlo, escogí los zapatos mas
usados
y los convine con maquillaje,
ligero en los ojos y pesado en los labios
sentí que lo que saliera de mi boca
sería mas importante que lo que la mirada me hable.
Por qué los escritores son tan atinados y
cuerdos –me pregunto-.
Algo los alienta y los sustenta –me
respondo-.
Llevan un alma vieja en un cuerpo nuevo
que no sabe como entallar en la moda de
hoy
pero que felices y enteros son.
Luego, conozco a Bukowski y atino que
podría ser el alcohol,
¡Ah pa´cabrón!
Y yo que en mi escritorio nunca he
tomado, tendré que probarlo.
Y se que no voy a lograrlo, pues no paso
de una Indio con limón, así que mejor no, ya soy demasiado sincera en mis
letras
como para desinhibirlas y darles rienda
suelta.
Como Bukowski, hace un año también pensé
que no era mi año,
Pero quien lo puede saber sin un whisky
en la mano…
Bukowski si, yo no.
Como Bukowski, hace un rato también supe
que lo que mas amamos,
desde el principio y hasta el final
termina por matarnos,
tan simple y complicados siempre, pero
así es.
Y ahí estamos, queriendo saborear la vida
con una botella en la mano,
algunos la prueban con limón, otros con
decepción
y algunos mas a la
antigua, con mucho corazón
