Un impuso que llega sin avisar,
cargado en la mente de síes
cargado afuera de noes.
Impuso inteligente que no se detiene,
mas bien, advierte que siempre
ha estado ahí, guardado, esperando
el momento oportuno y especial de
estallar.
Aquello que nos mueve a pensar
que lo podemos lograr.
Aquello que nos motiva a trabajar
para lograrlo.
Mas que querer, el deseo,
Como un plus a la necesidad,
esa que siempre,
muy pocas veces esta satisfecha.
Esa que nos envuelve mayormente de
tristeza
al no conseguir paz.
Deseo que, si lo tenemos, dominamos
nuestra existencia.
Y que si no, nos volvemos esclavos de
ella.
Deseo, enemigo del espacio y del tiempo,
alrededor de él no existe nada que le
pueda ganar,
solo es. Llega y está y, aunque uno lo
quiera,
el no se va.
Viene y va
pero no es igual.
Siempre es el mismo,
pero nunca habla ni se siente igual.
¿Cuándo se va a acabar?
No lo sabemos, pues el tiempo, su
enemigo,
es también soberbio.
