viernes, mayo 13, 2016

Viernes 13-trece.



Hace algunos años me hubiese dado pánico debido a la revolución que seguramente mi cabeza habría hecho al enterarse de que era un día “de cuidado”.
Afortunadamente no soy la misma de ayer.
Años atrás me habría dado miedo caminar sola por la calle y ver una escalera atravesada en la banqueta. Me habría dado miedo despertar y levantarme de la cama con –literalmente- el pie izquierdo. Me habría dado miedo ir a la cocina y ver que ya no tengo café y recordar que lo tenía que comprar ayer porque la tienda queda un poco lejos. Me habría dado miedo que siempre si tuviese examen de amparo para el cual no estudié porque me quede escribiendo la historia que me atormentó durante todo el día. Me habría dado miedo verme al espejo y dejar que él me dijera todo lo que me dice a diario.

Han pasado cinco horas y media desde que desperté y apenas me di cuenta que es viernes trece y haciendo un resumen, puedo contar que no me ha dado miedo despertarme y ver que mi esposo abrió la persiana porque sabe que me gusta ver el día y enterarme de que va a ser nublado. No me dio miedo pisar con el pie izquierdo y recordar el valor que tiene al yo tenerlo.No sentí miedo al ver que no me queda mas café. Así que mejor un licuado me preparé. No sentí miedo al verme al espejo, de hecho le agradecí que por la noche recuperara mi piel del acné provocado por algunas hormonas rockeras.
Me senté a limpiar mis libros y recordé el placer de no sentir la presión de un parcial (examen) o un final.
Hice de almorzar y no sentí miedo del comal.

Después de mucho rato, miré al tiempo… sigue nublado y me encanta.

Pienso que los seres humanos nos revelamos con lo que creemos y lo que no. 
¿Quien inventó que los viernes trece son de mala suerte? Sí, seguramente aquél guionista  que un buen día, sentado frente a su libreta o computadora creyó en su voz interior y escribió una película de terror.
¿Quién inventó las supersticiones? Los mexicanos tenemos muchos. Algunos lógicos y otros completamente absurdos.

No sería mejor creer en nosotros mismos y dejar que las supersticiones, sean solo aquello que alguien contó como una experiencia para dar verdad a algo que es muy probable que no la tiene... ojalá haya empleado las palabras correctas para explicar lo que de manera muy clara tengo en mi cabeza.

Nada, absolutamente nada nos puede hacer mas daño que nosotros mismos. Nuestro desenfrenado y mítico razonamiento. Nuestro ego hambriento. Nuestra poca fe y nuestra nula certeza de quienes somos.

Y para combatir todo lo anterior esta nuestro ser, ese que desde que nacimos ya es y que está por encima de todo lo que nuestra mente nos pueda inventar para lograr desviarnos de nuestro objetivo,... vivir nuestra vida presentes y conscientes.