jueves, noviembre 05, 2015

El día que conocí a Superman.


 Y ahí estaba yo, sentada en una plaza con bancas viejas y despintadas. A mi lado derecho un nogal, a mi lado izquierdo un naranjo. Se escuchaba tanta paz y digo que se escuchaba porque en ese momento no la sentí.
Llevaba, mi cabeza agachada y con justa razón, habíamos perdido una elección. Y más que una elección yo había perdido la certeza de que un escenario ideal podía hacerse realidad. Así que ésto no existiría más.

Giré mi cabeza y observe el naranjo. Tenía pocas naranjas, lo que lamente pues mi estomago gritaba muy fuerte. Me detuve a pensar en el color blanco de la camisa que llevaba puesta, enseguida mire al frente y tal cual un lienzo blanco frente a mi, recordé aquel día en que me cruce en el camino de Superman.

¡Va a mi lado! –pensé.

Me hizo algunas preguntas huecas, estilo: ¿Cómo estas?, ¿Qué haces?... yo solo veía su labio superior, formando ese ángulo invertido, casi como un pico muy carnosito, me dije: ¡Qué rico! Enseguida él giro su cabeza hacía mi y moviendo su copete me pregunto: ¿Qué dijiste?  Rápido entendí que no sólo lo había pensado, así que tuve que seguir la dinámica del “nada, ya sabes… que me decías”…

Recordé también que caminamos mucho. Las plantas de mis pies me demandaba una banca cómo en la que ahora estoy sentada. Al no haber encontrado alguna, mire de nuevo a Superman y me di cuenta de que no llevaba capa, lo cual me pareció extraño, pues esta chamba no tiene horario. Me decepcione un poco porque sabía que no me podría invitar a volar.

Seguimos caminado…

Después de algunos kilómetros, llegamos a un restaurant y pedimos una mesa. Se puso frente a mi y eso me gusto pues tenía su labio superior de frente y entero para verlo, solo para verlo.

El continuó hablado de mucho y de nada. Ordeno una limonada mineral para mi y una natural para él. Ahora mismo pienso que me vendría muy bien un vasito de eso, hace mucho calor.  

Ahora mire al naranjo y luego regrese al fondo blanco dónde proyectaba lo que les estoy contando.

Cerrando mis ojos, aliste en mi mente el sabor que tubo aquella limonada y cómo la saboreé. Ya no miraba su boca, hablaba más con sus ojos y mejor me quede ahí, tratando de descifrar lo que nadie ve y pude saber que yo le gustaba, que siempre miraba mi labio inferior preguntándose a que sabría un choque con él. 
Ahora se que él usó su visión de rayos x  que tan grande y vasta era mi alma y supo que debía permanecer ahí, lo se porque tuvo mucha vida antes de mi.

Me puse de pie y camine por la placita en la que estaba y cambie de banca. Ahora tenía al nogal y al naranjo frente a mi.
¡Que rico! Imaginando que mordía un gajito de naranja con chamoy…

Me reí. Pues recordé aquel postre que probé, era una generoso pedazo de queso panela con conserva de naranja. Cuando lo vi no me apeteció probar. En lugar de ello note que mi cartera se había caído y misma que me disponía a levantar, en cuanto el antebrazo de Superman y el mío chocaron al mismo ritmo y tiempo, enmudecidos y arqueando ese labio que tanto me había hablado, acercándose y recitándome un ¡por fin! exhausto, me beso encarnadamente largo.


Ah que rico, postre probé…