Llevaba, mi cabeza
agachada y con justa razón, habíamos perdido una elección. Y más que una elección
yo había perdido la certeza de que un escenario ideal podía hacerse realidad. Así
que ésto no existiría más.
Giré mi cabeza y observe
el naranjo. Tenía pocas naranjas, lo que lamente pues mi estomago gritaba muy
fuerte. Me detuve a pensar en el color blanco de la camisa que llevaba puesta,
enseguida mire al frente y tal cual un lienzo blanco frente a mi, recordé aquel día en que me cruce en el camino de
Superman.
¡Va a mi lado!
–pensé.
Me hizo algunas
preguntas huecas, estilo: ¿Cómo estas?, ¿Qué haces?... yo solo veía su labio
superior, formando ese ángulo invertido, casi como un pico muy carnosito, me
dije: ¡Qué rico! Enseguida él giro su cabeza hacía mi y moviendo su copete me
pregunto: ¿Qué dijiste? Rápido entendí
que no sólo lo había pensado, así que tuve que seguir la dinámica del “nada, ya
sabes… que me decías”…
Recordé también que caminamos
mucho. Las plantas de mis pies me demandaba una banca cómo en la que ahora
estoy sentada. Al no haber encontrado alguna, mire de nuevo a Superman y me di
cuenta de que no llevaba capa, lo cual me pareció extraño, pues esta chamba no
tiene horario. Me decepcione un poco porque sabía que no me podría invitar a
volar.
Seguimos caminado…
Después de algunos
kilómetros, llegamos a un restaurant y pedimos una mesa. Se puso frente a mi y eso me gusto pues tenía su labio superior de frente y entero para verlo,
solo para verlo.
El continuó hablado de
mucho y de nada. Ordeno una
limonada mineral para mi y una natural para él. Ahora mismo pienso que me
vendría muy bien un vasito de eso, hace mucho calor.
Ahora mire al naranjo y
luego regrese al fondo blanco dónde proyectaba lo que les estoy contando.
Cerrando mis ojos,
aliste en mi mente el sabor que tubo aquella limonada y cómo la saboreé. Ya no
miraba su boca, hablaba más con sus ojos y mejor me quede ahí, tratando de
descifrar lo que nadie ve y pude saber
que yo le gustaba, que siempre miraba mi labio inferior preguntándose a que
sabría un choque con él.
Ahora se que él usó su visión de rayos x que tan grande y vasta era mi alma y supo que debía permanecer ahí, lo se porque tuvo mucha vida antes de mi.
Me puse de pie y camine
por la placita en la que estaba y cambie de banca. Ahora tenía al nogal y al
naranjo frente a mi.
¡Que rico! Imaginando
que mordía un gajito de naranja con chamoy…
Me reí. Pues recordé
aquel postre que probé, era una generoso pedazo de queso panela con conserva de
naranja. Cuando lo vi no me apeteció probar. En lugar de ello note que mi
cartera se había caído y misma que me disponía a levantar, en cuanto el antebrazo
de Superman y el mío chocaron al mismo ritmo y tiempo, enmudecidos y arqueando
ese labio que tanto me había hablado, acercándose y recitándome un ¡por fin!
exhausto, me beso
encarnadamente largo.
Ah que rico, postre probé…