¿Cómo sí?
Es una
pregunta que me ha estado pisando la cabeza y la conciencia estos últimos
meses…
¿Cómo sí?
Cómo le hacen los que
sí pueden. Los que así, deliberadamente creen una y otra vez.
Cómo le hacen los que
un día deciden levantarse y jamás caerse, ¿Qué tipo de zapatos y alma tienen?
Cuántas lecciones se
tienen que repasar para aprender que toda cosa buena o “mala” está dentro de
uno mismo y que, a través del poder de decisión es que ésta aparece o se
esconde.
Cuántos años tienen que
pasar para que pueda decir que he llegado a descubrirme. Pienso, podría tener
60 años y aún no haber terminado de conocerme. Luego mi cabeza me grita un
murmullo que cita: no necesitas conocerte, sólo necesitas mirarte a los ojos y
aceptarte.
Cuantas piedras me
tengo que encontrar para decir que cada una me ha hecho fuerte y me ha servido
para darme cuenta de dónde es que estoy parada y cuál es mi dirección… por que,
ciertamente el camino lo hago yo, pero en él están éstas…
Luego en este renglón
me detengo, porque leyendo-me doy cuenta de que estoy escribiendo sólo de
cantidad… y si le sigo preguntando a la vida mejor en términos de ¿para qué?
Cuando era niña,
recuerdo que uno de los pesares de mi madre era que todo lo preguntaba y
cuestionaba. Lo que me encanta de ella es que desde entonces hasta ahora
siempre tiene una respuesta, me guste o no, la tiene. Y aquí es donde vuelvo a
hacer una pausa para desear tener a mi madre para toda la vida y que sea deseo
de Dios morir primero para que sea ella quien pregunte el porqué y no yo.
Como pueden ver, en mi
cabeza cargo muchos “no se”… los que traslado a una gorda y bien pesada
incertidumbre. Y no de esas en las que las que la consigna es “arriésgate,
aprende y ganarás”… sino aquella que me motiva a reflexionar sobre si debo
seguir caminando o detenerme un momento y respirar.
¿Cómo recordar los sí y
saber que nacimos creyendo y dando pasos gigantes?
¿Cómo saber que los no,
son solo juegos mentales que llegan y se van, pero nunca se quedan, como la
verdad…?