Nunca he creído en supersticiones pero se que existe el bien y el
mal. Que hay personas víctimas de víctimas con corazones huecos que se atreven
a hacer daño a alguien mas hasta hacerse daño a si mismas porque aunque, de
pronto nos parezca que ganaron obteniendo lo que quieren, la realidad dista
mucho de ser buena para ellos.
Y hablando de supersticiones, alguna vez escuche que para tener un
año bueno y exitoso se tiene que comenzar lo mejor posible. Tal vez suena utópico
–igual que a mi en ese momento- pero todo lo que se refiere a la actitud tiene
lógica y razón.
El 2015 lo inicié llorando y con muchísimos sentimientos
encontrados, muy triste, en un lugar que no era mi casa, lejos y de verdad con
muy poca esperanza. La pase mal y mas porque no podía entender todo lo que
venía sucediendo y temía enfrentarme a ello.
La vida me aventó mis verdades y no venían envueltas y con olor a
chocolate, por el contrario, éstas llegaron con un sabor muy amargo.
Llore muchísimo. Deje que el rencor, las comparaciones, los
defectos y la inseguridad llenaran mi cuerpo y fue tanto que hasta engorde
¡enserio!.
Dios es muy sabio. Siempre lo dije pero nunca lo sentí hasta hace
poco.
Entendí que todo lo que nos pasa nos enseña y nos deja grandes
lecciones que, aunque duelan, las tenemos que tomar para poder vivir y
evolucionar.
Mi 2015 fue un camino de terracería en el que camine descalza.
Sentí la tierra, las piedras y el lodo en mis pies. Caí varias veces en la
misma rodilla y me lastime. Muchos buitres me acompañaron pero también pude ver
que a un lado de las piedras, Dios me puso algunas flores que nunca había
conocido y que me ayudaron a colorear mi camino y que no fuese todo gris. El
dolor de mi rodilla me enseño el valor de no querer rendirme por amor.
Y sin los buitres no hubiese encontrado la salida hacia ese lugar
donde me encontré a mi misma para tenerme completa por fin después de 25 años
de vida dormida.
No pretendo que piensen que estoy loca pues nunca me había sentido
mas presente y consciente de mi vida como hasta ahora que decidí dejar todo
atrás, perdonarme y adelgazar mi alma.
Siempre será un acto de humanidad no solo para quien lo recibe
sino para quien lo lleva a cabo esta acción.
Este ultimo año pude conocerme un poco mas y verme al espejo de
frente, con miedo, pero de frente.
Durante mucho tiempo estuve equivocada al pensar que “Agradecer”
significaba quedar bien con los demás y solo implicaba ser una práctica social.
No fue hasta mitad del año -ante una derrota- que entendí el valor
de dar gracias a Dios por la vida que nos da y por todo lo que hay en ella.
Y si, agradezco a Dios que mi 2016 lo inicié riendo como nunca.
Espero mucho y también quiero hacer mucho… por éste y todos los años que
vienen.