lunes, diciembre 07, 2015

¡Chulada!

Soy muy desesperada, lo sé y sépanlo ustedes.

Ayer, dado a que el tráfico de Monterrey así me lo recetaba, me di el tiempo de buscar algo qué escuchar en la radio y llegué hasta una conversación que tenía el famoso Dr. Cesar Lozano con un nutriólogo en la que hablaban sobre que ocasiona que una persona se vea más “vieja” o literalmente como lo escuche, acabada.
Mencionaron que todo es cuestión de actitud, ¡Ajá! La respuesta del millón –me dije…, seguido de que pasara por mi mente un “sí como no”, ya saben, el escepticismo malamente por delante, sin embargo quise seguir escuchando.

Tengo claro que no es suficiente tener buena actitud cuando un familiar está gravemente enfermo, cuando traemos una deuda a cuestas o cuando todo lo malo parece no terminar, pero, existe otra gran verdad y es que todo lo queremos controlar y la mayoría de las cosas que nos suceden no son más que lecciones que tenemos que vivir para así aprender. Hace poco me dijeron que casualmente todo aquello que nos causa enojo, estrés y hasta enfermedades es todo aquello que no esta en nuestras manos cambiar –aquello que no esta bajo nuestro control- y que nos preocupa.

Dicen por ahí que estar de mal humor todo el tiempo sí envejece y seamos honestos, a nadie nos gusta eso, lo aceptamos, como parte de la vida, pero en la medida de los gustos de cada quien, procuramos llevar una vida sana para que esto transcurra naturalmente y no adelantarla con nuestra mala actitud.
A raíz de estas observaciones es que entendí los porqués de que tanta gente que se decide a ser feliz “da el cambiazo”. Un ejemplo de esto lo podemos ver             –comúnmente- en personas divorciadas o viudas, pero en esta cuestión puede ocurrir totalmente lo contrario, pues al invadirlos la tristeza pueden decidir continuar cuesta abajo.
Entonces concluyo que, a demás de realizar una retrospección hacía qué es lo que estamos haciendo con nuestras vidas para que suceda lo que más queremos, es decir, que nos vaya bien y sentirnos mejor, es obligatoriamente necesario tomar la decisión de ser felices. Porque  nacemos 100% felices, la felicidad no va y viene, es cuestión de conectarnos con ella y recordar que está ahí, pues ésta no debe de depender de alguien o de algo; recordemos que lo bueno, lo malo no dura para siempre y es de sabios ser conscientes de nuestra vida para saber disfrutar cada momento y que no se nos vaya de la mano.

Y ¡qué chulada! que con libertad podamos tomar la decisión de ser felices.