Soy muy
desesperada, lo sé y sépanlo ustedes.
Ayer, dado
a que el tráfico de Monterrey así me lo recetaba, me di el tiempo de buscar
algo qué escuchar en la radio y llegué hasta una conversación que tenía el
famoso Dr. Cesar Lozano con un nutriólogo en la que hablaban sobre que ocasiona
que una persona se vea más “vieja” o literalmente como lo escuche, acabada.
Mencionaron
que todo es cuestión de actitud,
¡Ajá! La respuesta del millón –me dije…, seguido de que pasara por mi mente un
“sí como no”, ya saben, el escepticismo malamente por delante, sin embargo
quise seguir escuchando.
Tengo
claro que no es suficiente tener buena actitud cuando un familiar está
gravemente enfermo, cuando traemos una deuda a cuestas o cuando todo lo malo
parece no terminar, pero, existe otra gran verdad y es que todo lo queremos
controlar y la mayoría de las cosas que nos suceden no son más que lecciones
que tenemos que vivir para así aprender. Hace poco me dijeron que casualmente
todo aquello que nos causa enojo, estrés y hasta enfermedades es todo aquello
que no esta en nuestras manos cambiar –aquello que no esta bajo nuestro
control- y que nos preocupa.
Dicen por
ahí que estar de mal humor todo el tiempo sí envejece y seamos honestos, a
nadie nos gusta eso, lo aceptamos, como parte de la vida, pero en la medida de
los gustos de cada quien, procuramos llevar una vida sana para que esto
transcurra naturalmente y no adelantarla con nuestra mala actitud.
A raíz de
estas observaciones es que entendí los porqués de que tanta gente que se decide
a ser feliz “da el cambiazo”. Un ejemplo de esto lo podemos ver –comúnmente- en personas
divorciadas o viudas, pero en esta cuestión puede ocurrir totalmente lo
contrario, pues al invadirlos la tristeza pueden decidir continuar cuesta
abajo.
Entonces
concluyo que, a demás de realizar una retrospección hacía qué es lo que estamos
haciendo con nuestras vidas para que suceda lo que más queremos, es decir, que
nos vaya bien y sentirnos mejor, es obligatoriamente necesario tomar la
decisión de ser felices. Porque nacemos 100% felices, la felicidad no
va y viene, es cuestión de conectarnos con ella y recordar que está ahí, pues ésta
no debe de depender de alguien o de algo; recordemos que lo bueno, lo malo no
dura para siempre y es de sabios ser conscientes de nuestra vida para saber
disfrutar cada momento y que no se nos vaya de la mano.
Y ¡qué chulada! que con libertad podamos tomar la decisión de ser felices.