“Lo que celebramos no son
las fiestas, sino el nacimiento de Dios”
Hace algunas semanas viví un episodio que logro traspasar mi
orgullo y logro quebrarme… y sí, ahora que lo veo, fue una tontería.
Un amigo de mi esposo es extremadamente especial para hablar y no
medir las consecuencias de sus palabras, se imaginaran a qué me refiero. En su
momento, juré no volverlo a tratar. Decidí que no quería a “ese” tipo de
personas en mi vida y que valoraría ésta ultima más que nunca.
No sabía qué iba a pasar. Pero lo que sucedió ayer –tengo que
decirlo así- me pareció que estuvo cerca de ser un milagro para mi.
Siempre he creído que Dios utiliza todos los medios posibles para
hablarnos y llevar a cabo sus designios en nuestra vida.
Ayer me puso una prueba, una prueba de fuego.
El amigo de mi esposo pidió pasar la navidad con nosotros pues su
familia saldría de la ciudad,… al principio pensé y aseguré que todo saldría
mal, que pasaría de ser una “Noche buena” para ser una noche mala.
No supe en qué momento mi mente y corazón decidió que no fuese así
y que aceptara lo que ahí estaba a punto de pasar… yo iba a perdonar.
Yo perdone y lo juro, no supe el momento exacto que fue pero lo entendí
cuando pude verlo a los ojos y no temer mas a nada, sentirme segura, aliviada y
–hasta puedo decirlo- mas delgada al deshacerme del peso que me generaba el
rencor, amargura y resentimiento que cargaba.
Fue una noche muy divertida, compasiva y feliz.
Abrazada por mi familia de nacimiento y la elegida, hoy puedo
decir que ésta navidad me enseño a perdonar.
Esta fue mi navidad perdone a quien, tal vez sin quererlo, me hizo
mal y esto se siente genial.
Pensé mucho en qué escribir para una fecha así de especial y no me
paso nada mas por la cabeza que compartir la alegría que me da el saber que
Dios siempre está.
¿Qué mas especial que esto?
¡Feliz Navidad!