Seguro te
ha pasado que llevas días, quizá semanas o meses esperando un momento
determinado. Tu mente comienza a tejer toda clase de escenarios de lo que
“crees” que va a suceder y como la mente es cabrona, lo sé, haces tuya esa idea
al grado de aceptarla y amarla. Luego, sigue pasando el tiempo y tú sigues
esperando.
La expectativa
según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) es:
1.
F. Esperanza de realizar o conseguir algo.
2.
Posibilidad razonable de que algo suceda.
3.
Posibilidad de conseguir derecho, una
herencia, un empleo y otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé.
Busqué
otras definiciones pero todas me llevan a lo mismo: Algo que creemos que va a
suceder.
“Eres muy
futurista” – me dice mi Mamá. Ella y su forma “amable” de decirme que suelo
exagerar las cosas y adelantarme. Luego pienso que crear expectativas -a veces- es lo que más daño nos hace, pues éstas
las empleamos para todo.
Antes de
presentar un examen creemos que van a venir las preguntas que estudiamos y
¡nada!, viene precisamente el párrafo que te saltaste estudiar.
Antes de
acudir a un evento pensamos en cómo va a ser y en las personas que nos vamos a
encontrar y siempre es diferente de cómo lo habíamos pensado.
En mi caso
muy particular, creo tener medido como serán mis cumpleaños. Y no porque lleve
a cabo una exhaustiva planeación, sino porque pienso que va a ser de cierta
forma y la realidad aparece, como es normal.
Inclusive
las expectativas que nosotros le tatuamos a una persona son las que nos causan
más conflictos. Formulamos historias a partir de lo que nos dice y luego sucede
lo inesperado cuando nos topamos con la pared y conocer su realidad, esa que
distaba mucho de lo que –como lo dije antes- habíamos pensado.
En una
relación sucede de igual y peor manera. Como mujer siempre espero que mi pareja
deduzca lo que quiero; lo que pienso en el momento. Damos por un hecho que los
hombres son -o deberían ser- capaces de descifrar cada expresión, cada palabra,
cada sonido, cada mirada y, si esto no sucede: problema a la vista.
A los
hombres, por lo que he visto, les pasa algo parecido. Tienen la seguridad de
que vamos a tomar la iniciativa en determinada situación, así, rápido y sin
pensar; cuando por necesidad una se tarda más analizando las cosas y armando un
plan. Dan por un hecho que pensamos igual de práctico que ellos. Ojala los
hombres entendieran que a veces solo queremos hablar y no que nos solucionen
nuestros problemas.
Si se dan
cuenta cualquier definición de Expectativa
denota inseguridad. El libro Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruíz, está
cargado de tanta razón cuando nos dice No Supongas: si tienes una duda
aclárala; si sospechas, pregunta. Suponer nos hace inventar (crear una
expectativa) historias increíbles que sólo envenenan la mente y el alma y a
demás, no tienen fundamento.
No podemos
controlar al mundo y cuando permitimos que un montón de expectativas nos
envenenen la mente, ésta lleva a cabo su propio juego en el que no nos toma en
cuenta y casi siempre salimos perdiendo.
Tener la
sabiduría de aceptar lo que venga y como venga, creo, es un paso hacia nuestra
propia libertad para conocernos y permitirnos ser realmente quienes somos.