lunes, diciembre 21, 2015

Expectativa vs. Realidad.

Seguro te ha pasado que llevas días, quizá semanas o meses esperando un momento determinado. Tu mente comienza a tejer toda clase de escenarios de lo que “crees” que va a suceder y como la mente es cabrona, lo sé, haces tuya esa idea al grado de aceptarla y amarla. Luego, sigue pasando el tiempo y tú sigues esperando.

La expectativa según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) es:
     1.    F. Esperanza de realizar o conseguir algo.
     2.    Posibilidad razonable de que algo suceda.
     3.    Posibilidad de conseguir derecho, una herencia, un empleo y otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé.
Busqué otras definiciones pero todas me llevan a lo mismo: Algo que creemos que va a suceder.

“Eres muy futurista” – me dice mi Mamá. Ella y su forma “amable” de decirme que suelo exagerar las cosas y adelantarme. Luego pienso que crear expectativas  -a veces- es lo que más daño nos hace, pues éstas las empleamos para todo.
Antes de presentar un examen creemos que van a venir las preguntas que estudiamos y ¡nada!, viene precisamente el párrafo que te saltaste estudiar.

Antes de acudir a un evento pensamos en cómo va a ser y en las personas que nos vamos a encontrar y siempre es diferente de cómo lo habíamos pensado.
En mi caso muy particular, creo tener medido como serán mis cumpleaños. Y no porque lleve a cabo una exhaustiva planeación, sino porque pienso que va a ser de cierta forma y la realidad aparece, como es normal.

Inclusive las expectativas que nosotros le tatuamos a una persona son las que nos causan más conflictos. Formulamos historias a partir de lo que nos dice y luego sucede lo inesperado cuando nos topamos con la pared y conocer su realidad, esa que distaba mucho de lo que –como lo dije antes- habíamos pensado.

En una relación sucede de igual y peor manera. Como mujer siempre espero que mi pareja deduzca lo que quiero; lo que pienso en el momento. Damos por un hecho que los hombres son -o deberían ser- capaces de descifrar cada expresión, cada palabra, cada sonido, cada mirada y, si esto no sucede: problema a la vista.

A los hombres, por lo que he visto, les pasa algo parecido. Tienen la seguridad de que vamos a tomar la iniciativa en determinada situación, así, rápido y sin pensar; cuando por necesidad una se tarda más analizando las cosas y armando un plan. Dan por un hecho que pensamos igual de práctico que ellos. Ojala los hombres entendieran que a veces solo queremos hablar y no que nos solucionen nuestros problemas.

Si se dan cuenta cualquier definición de Expectativa denota inseguridad. El libro Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruíz, está cargado de tanta razón cuando nos dice No Supongas: si tienes una duda aclárala; si sospechas, pregunta. Suponer nos hace inventar (crear una expectativa) historias increíbles que sólo envenenan la mente y el alma y a demás, no tienen fundamento.
No podemos controlar al mundo y cuando permitimos que un montón de expectativas nos envenenen la mente, ésta lleva a cabo su propio juego en el que no nos toma en cuenta y casi siempre salimos perdiendo.

Tener la sabiduría de aceptar lo que venga y como venga, creo, es un paso hacia nuestra propia libertad para conocernos y permitirnos ser realmente quienes somos.